domingo, 21 de junio de 2009

21 de Junio 2009 solsticio invierno


El desafío es grande. La creación de una ancestral y naturaleza



El 21 de junio el Sol llegará a su punto más lejano de la Tierra, para luego comenzar su gradual acercamiento a ella. Esa noche será la más larga del año, y a partir de ahí los días se irán alargando hasta el 21 de diciembre (solsticio de verano), para luego revertir el proceso. El 21 de junio (solsticio de invierno) coincide con la fiesta de celebración del Año Nuevo de los pueblos originarios que habitan el Hemisferio Sur.

El Machac Mara en el altiplano y el Wetripantu en las tierras sureñas de nuestro país, que distingue a los aymaras y quechuas del norte y mapuches del sur, respectivamente.

Coincidencia astronómica que a nosotros nos cuesta comprender.

Sin embargo, aún así fácilmente adoptamos celebraciones que son tan ajenas a nosotros como la Navidad, de origen germano, o Halloween de origen celta, propias de regiones del Hemisferio Norte. Quizás porque no tenemos el conocimiento exacto respecto de las leyes que rigen el Universo y la Naturaleza, que al parecer era de amplio dominio de aztecas, mayas, incas, mapuches y tribus australes del continente americano.

Para todos ellos, la llegada del solsticio de invierno representa el despertar de la naturaleza, el brote de las plantas, y el establecimiento de un nuevo ciclo de los cultivos (siembra). No sabemos cómo los pueblos antiguos adquirieron todo ese conocimiento que los mantenía vivos y apegados a la madre Tierra, respetándola y cuidándola. Su sabiduría consistía en obtener de la naturaleza sólo lo que necesitaban, sin romper el delicado equilibrio que rige a cada uno de los ecosistemas. Ahora el gran desafío que enfrenta el hombre moderno es crecer de manera sustentable, es decir, compatibilizar el desarrollo tecnológico y el crecimiento de las ciudades sin agotar el agua, sin contaminar el suelo, sin envenenar los lagos, sin quemar los bosques, sin afectar la biodiversidad. Que las futuras generaciones puedan disfrutar de la vida. Hoy día el calentamiento global nos amenaza. Al parecer, nada hemos aprendido, pues el panorama medioambiental es preocupante.

Para ser justos, no podemos culpar a los pueblos ancestrales de lo que está sucediendo, sino aceptar que ha sido el hombre “civilizado” el que ha ensuciado su propio nido.

Ningún animal ensucia su propio hogar, en cambio es el hombre el que tropieza dos veces con la misma piedra. Cabría preguntarnos qué hemos hecho que ya no podemos distinguir el sonido claro del agua que escurre por intrincados vericuetos cordilleranos, ni podemos distinguir el sonido del viento entre los árboles, o no sabemos captar la magia del vuelo de las aves en el cielo azul. Hemos perdido la capacidad de asombro al estar inmersos en las selvas de cemento que son las grandes ciudades, donde abundan los ruidos que embotan nuestros sentidos, destruyen el sistema nervioso y ahuyentan a las aves. En esta fecha tan particular, nuestro Año Nuevo, celebremos a la madre Tierra plantando un árbol. Un árbol produce oxígeno puro y limpia el aire. Tal vez así sentiremos que somos parte de la Naturaleza, y no enemigos. Por un instante, quizás seamos todos hermanos, de las aves, del huemul, del cóndor, del bosque, de los ríos, de la nieve o del viento. Quizás así seamos más humanos..
Por Dr. José Celis Hidalgo Universidad de Concepción.

La fotografía la tomé hace un ratito desde el deck de casa,Quetrihué, y la Cordillera Nevada...

ADRIANA

3 comentarios:

clara dijo...

gracias Adriana la foto es hermosa ¡feliz solsticio!

delirio dijo...

Muchisímas gracias, Clara, y bienvenida al club, siempre me quedo sin palabras al mirar este paisaje, por eso lo comparto...
un abrazo!!!
ADRIANA

delirio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.