viernes, 23 de octubre de 2009

Fontanarrosa y malas palabras


“Yo casi siempre hablo desde el desconocimiento”
“¿Por qué son malas las palabras? ¿Les pegan a las otras? ¿Son malas porque son de mala calidad?”
“Tienen actitudes reñidas con la moral, pero no sé quién las define como malas palabras, pero parecen los villanos de la película.”
Fontanarrosa opinó que las “palabrotas” con aumentativos no dejan de ser un reconocimiento. “No hago una defensa incondicional y quijotesca de las malas palabras: algunas me gustan, otras no”, aclaró, y recordó que su padre era un “malhablado” porque provenía del deporte y usaba muchas malas palabras. Además, pidió que se siguiera empleando “bocasucia”, una antigua manera de decir que alguien puteaba.
“A veces culpamos a los jóvenes porque usan un vocabulario estrecho, pero no me preocupan que insulten permanentemente, lo que me preocuparía es que no tuvieran una capacidad de transmisión y expresión”, advirtió Fontanarrosa. “Las malas palabras sirven mucho para expresarse”, explicó. “También se dice que el idioma es vulgar. No sé quién define lo que es vulgar o no. Tampoco sé cuál es el origen de las malas palabras.” Y mencionó expresiones del tipo “habla como un carrero” o “palabras subidas de tono”. “Las malas palabras brindan otros matices y hay algunas que son irreemplazables: no es lo mismo decir que una persona es tonta o pelotuda. Tonto puede ser una disminución neurológica agresiva, pero el secreto de la palabra pelotudo está en la letra ‘t’”, agregó el escritor rosarino. “Mierda es una palabra también irreemplazable. El secreto está en la ‘r’ fuerte, porque en otros lugares es más débil, como la pronuncian los cubanos, que la hacen más suave, como los chinos.”

“Pido una amnistía para la mayoría de las malas palabras e integrémoslas al lenguaje.”

La intervención de Fontanarrosa en el III Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE)t y el secreto de la malas palabras.

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